La República Oriental del Uruguay, conocida por su tranquilidad y su gusto por el mate, ha declarado oficialmente el inicio de la «Operación anti cotorra», una movilización militar sin precedentes para combatir a un enemigo astuto, voraz y, lo que es peor, con un gusto exquisito por la fruta fina. El objetivo es la cotorra, el pájaro verde, ese que habla (no la parte del aparato genital externo femenino de los mamíferos, que forma la abertura de la vagina. Lo aclaramos porque si en el fragor de la lucha alguien grita “me pica la cotorra” seguramente se está refiriendo al picotazo del ave, que duele que se las pela, y no a que tenga comezón en alguna parte pudenda).
Productores reportan pérdidas del 50% en sus manzanas rojas, lo cual convierte a la cotorra en la primera especie en la región que, sin armas ni entrenamiento, logra causar más daños logísticos que un ejército de hunos… acompañados. No por casualidad, un informe del MGAP señala que “las cotorras consumen entre 1 y 3 veces su peso diario». Si esto no es una máquina biológica de demolición frutal, entonces inventemos otra palabra.
El Gobierno en modo pacifista
Tras semanas de absoluta lucidez y serenidad institucional, cuyo momento cúlmine fue el intento diplomático, que las cotorras ignoraron olímpicamente, de convencerlas con un documento titulado “Consumo responsable y transversal de fruta para todos, con una mirada en territorio desde la intersinstitucionalidad con perspectiva de género y espíritu inclusivo” el Gobierno decidió que ya era suficiente filosofía. Como los bichos no respondieron ni «pio» llegó el turno de la fuerza.
Despliegue de alto riesgo y altos eucaliptus
Aquí entra en escena el Ejército Nacional. Sí, ese Ejército entrenado para amenazas invisibles, invasiones improbables y maniobras con nombres que suenan a videojuegos, ahora abocado a la escena más surrealista del siglo: soldados colgados de grúas militares, untando veneno en los nidos de los pajarracos hiperactivos.
La estrategia del MGAP y las Fuerzas Armadas se resume así:
Objetivo: La boca del nido en la copa del eucalipto.
Arma: Cebo tóxico en grasa gourmet, nivel villano de película clase B.
Logística: Vehículos con plumas, nombre clave para “grúas que jamás pensaron que acabarían en esta trama”.
El general a cargo, que dedicó su carrera a pensar en fronteras, tácticas, mapas y amenazas inexistentes, ahora dirige tropas cuya misión consiste en escalar árboles con la delicadeza de un ecologista bajo anfetaminas.
El Drama del pega-pega y la solidaridad de los ambientalistas con las cotorras
Claro que no todos comparten esta épica rural. Rita Rodríguez, referente ambientalista, levantó la voz con furia y vocabulario ilustrado.
“El pega-pega es una tortura. El animal se desgarra y muere tratando de liberarse”, declaró, mientras uno imagina los futuros manuales del INBA incluyendo un capítulo extra: “Técnicas de adhesión, su correcta aplicación.”
Rita propuso el uso de un “cebo esterilizador”, civilizado, moderno, casi escandinavo. Ramiro Vacca, director técnico de la Granja, replicó (o seguramente lo debe haber pensado) con el espíritu práctico del Uruguay profundo: “Eso supone tiempo, estrategia e inteligencia. Y nosotros tenemos una cosecha de manzanas en marzo, y nada de tiempo para un posgrado en ética aviar.”
En efecto, aquí nadie tiene tiempo para una ONU de pájaros. Las cotorras se reproducen con la velocidad de un chisme político en WhatsApp y comen como si la inflación no afectara su capacidad económica.
«Protocolo entierro express»
Para coronar este festival tragicómico, el plan oficial exige que, tras neutralizar al enemigo, los productores entierren los cuerpos en un plazo máximo de 48 horas. Con ello se apuesta a la diversificación de la producción granjera pues ahora incluirán: francotiradores de plagas, forenses improvisados y sepultureros con cronómetro.
La razón es noble: evitar que perros, zorros, caranchos o el gato del vecino terminen intoxicados y escalen la guerra a niveles zoológicamente imprevisibles.
Postales del frente frutal
En Colonia, San José, Canelones y Montevideo, los vehículos con plumas ya se acomodan para la ofensiva. Uruguay escribe una nueva página en la literatura militar universal: “La guerra de las cotorras en la copa de los árboles”, un conflicto tan extraordinario que, si algún día se enseña en las escuelas, los niños sospecharán que el docente está bajo efectos de cebo tóxico en grasa…
