Las minorías son la mayoría

La clave para entender por qué las minorías terminan siendo la «gran mayoría» está en la interseccionalidad, ese enfoque analítico y teórico que examina cómo múltiples factores sociales y estructurales, como género, raza, clase, sexualidad o edad, se superponen e interactúan simultáneamente, generando formas específicas y complejas de discriminación, desigualdad o privilegio. No somos una sola cosa. Un votante puede ser minoría política, pero quizás es parte de la mayoría religiosa, o viceversa.

Solemos pensar en la mayoría como un bloque sólido y uniforme. Pero si te acercás, ese bloque está lleno de grietas. La «mayoría» es, en realidad, una coalición temporal de muchísimas minorías que se pusieron de acuerdo en un punto específico (como un voto), pero que difieren en todo lo demás.

Si hacés una lista de características, una mayoría puede estar compuesta por varias minorías:
• Tu religión o espiritualidad.
• Tu orientación política.
• Tus gustos musicales.
• Tu profesión o situación laboral.
• Tus condiciones de salud o rasgos físicos.

Es casi imposible que alguien encaje en el «estándar promedio» en todas las categorías. Al final del día, ese «sujeto promedio» que buscan las encuestas no existe. Es un fantasma.

Imaginate un grupo de 100 personas:
• 40 votan a la izquierda (son la minoría más grande).
• Los otros 60 están divididos en 5 partidos chicos. Individualmente, esos 5 grupos son minorías frente a los 40. Pero sumados, son el 60%. Lo mismo pasa con las identidades: si sumamos a los que tienen una discapacidad, a los que pertenecen a una etnia particular, a los que tienen una opinión poco común y a los que viven en zonas rurales, la suma de todos esos grupos «chicos» termina barriendo a cualquier grupo que se pretenda único y mayoritario.

En resumen: La mayoría es una ilusión estadística. El mundo real es un rompecabezas de piezas que no encajan del todo, y esa suma de «rarezas» es lo que realmente mueve la aguja.

Ser minoría no es ser menos; es simplemente ocupar un espacio específico en un mundo que es, por definición, diverso. Al final, lo único que realmente nos une a todos es que, en algún rincón de nuestra identidad, somos la excepción a la regla.

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