Relatividad cuántica criolla: ¿Dónde queda realmente “atrás de la volqueta”?

A veces me planteo cuestiones que me hacen creer que estoy un poco loco. No las comparto con nadie para no terminar en una celda acolchada como esas de los dibujos animados, y te digo, serán locuras, pero ¡Que locuras interesantes!. Resulta que no soy el único. En el grupo de Whatsapp de ContraViento he descubierto que a todos les apasiona debatir lo improbable con una mirada imposible, como un club de orates profesionales que disfrutan su condición, discutiendo temas de dudosa seriedad madrugada adentro.
Precisamente allí, en las últimas horas, alguien planteó esta «situación problemática» (como le decíamos en mis tiempos de escuela):
Consulta que puede terminar en reyerta familiar.
– Un auto va en el sentido de flecha roja
– Hay una volqueta azul
– Si digo «estacioná atrás de la volqueta», tendría que estacionar en lugar A o B?

Todos se sumaron a opinar con bases sólidas de razonamiento. Yo, en mi calidad de voyeur de diálogos ajenos, me limité a leerlos con la mente en blanco, cosa que no me cuesta nada porque es su estado natural, para ver qué salía del embrollo. Pero resulta que “alguien” (Si, el que me paga 10.000 dólares por cada columna) me pidió que lo armara como artículo. Y de testigo pasé a investigador, con las limitaciones propias de quien sufre de amaxofobia y que por naturaleza cuando maneja, sólo siembra el julepe y el asesinato.
Pero una orden del jefe es un pedido…o algo por el estilo, así que aquí va:

Hay preguntas que han dividido a la humanidad desde tiempos inmemoriales. ¿Primero el huevo o la gallina? ¿El vestido es azul o dorado? ¿Hay que doblar el papel higiénico con la punta mirando hacia la pared o hacia adelante? Pero ninguna, absolutamente ninguna, ha generado tanto conflicto silencioso en los estacionamientos del mundo como esta:

«Atrás» ¿de qué lado es «atrás»?
Imaginá la situación. Un conductor va manejando tranquilamente en la dirección que marca la flecha roja, es decir, de izquierda a derecha, como Dios, el tránsito y la lógica occidental mandan. Entonces alguien, con toda la confianza del universo, le dice: «Estacioná atrás de la volqueta.»
Y ahí, mi amigo, es donde todo se rompe.
Porque el conductor mira la volqueta. La volqueta lo mira de vuelta. Y ninguno de los dos sabe exactamente qué se supone que debe pasar.

El conductor, que viene avanzando de izquierda a derecha, tiene una lógica impecable y bastante humana: «atrás» es lo que ya pasé. Lo que quedó atrás. Lo que dejé en el retrovisor con algo de nostalgia y mucho humo de escape.
Entonces, si la volqueta está en su camino y él sigue avanzando, atrás de la volqueta sería antes de llegar a ella, es decir, justo en el espacio que la volqueta dejó a su espalda según la dirección del tráfico.
Suena lógico. Suena incluso elegante.
El conductor estaciona ahí, se baja con esa seguridad de quien hizo bien las cosas, y le dice al del parking: «Listo, tal como me dijiste.»

Pero resulta que el tipo que dio la instrucción tenía otro mapa mental completamente diferente.
Para él, «atrás de la volqueta» significa atrás de la volqueta como objeto estático en el espacio. O sea, debería estar a la derecha de la volqueta, posicionando allí la parte del vehículo donde están las luces de freno, el gancho de remolque, y ocasionalmente un adhesivo que dice «BEBÉ A BORDO».
Desde esa perspectiva, estacionar atrás sería hacerlo después de haberla pasado, en el espacio que queda justo tras el parachoques trasero.
Y este señor también tiene razón. Irritantemente, también tiene razón.
Aquí es donde la cosa se pone buena, porque en el fondo estamos ante un conflicto entre dos sistemas de referencia completamente válidos:
El sistema del móvil: Todo se define desde el punto de vista del conductor en movimiento. «Atrás» es lo que quedó atrás en su trayectoria. Es la lógica del viajero, del explorador, del tipo que maneja con el GPS hablando.
El sistema del objeto estático: Todo se define desde la anatomía del vehículo estacionado. La volqueta tiene una parte delantera y una trasera, y «detrás» es su parte trasera, independientemente de hacia dónde venga el mundo.
Los físicos llamarían a esto un problema de marcos de referencia. Los filósofos lo llamarían un problema de perspectiva ontológica. Los conductores lo llaman «esto siempre termina en pelea».

Ahora bien, hay un elemento que la mayoría ignora y que debería ser el árbitro definitivo de esta disputa: la volqueta también tiene una dirección.
Si la volqueta está estacionada apuntando en el mismo sentido que el auto, es decir, también mirando hacia la derecha, entonces ambas lógicas colisionan de frente (o de atrás, según se mire).
Pero si la volqueta está en sentido contrario, o en diagonal, o parqueada de cualquiera de esas formas creativas que solo existen en Uruguay, entonces el problema ya no es filosófico. Es directamente existencial.

La Real Academia Española, consultada en sus páginas con la esperanza de que alguien allá supiera algo, define «detrás» como: «en la parte posterior». Gracias, RAE. Muy útil. Muy específico.
Porque claro, la pregunta es exactamente esa: ¿posterior respecto a qué?
¿Respecto al conductor que se mueve? ¿Respecto al vehículo que está quieto? ¿Respecto al universo en expansión?
La verdad es que el idioma español, en toda su riqueza y su caos, simplemente no lo aclara. Y sospecho que lo hace a propósito, como mecanismo de selección natural para ver quién se estresa más en los estacionamientos.

Así que ahí lo dejo, querido lector, con el auto parado, el conductor con la mano en la palanca de cambios, y la volqueta con ese estilo silencioso e imperturbable que tienen las volquetas.
¿Estaciona antes de llegar a ella, fiel a su trayectoria? ¿O la sobrepasa y se coloca justo tras su parachoques, fiel a la anatomía del vehículo?
Tal vez la respuesta correcta depende de quién haga la pregunta, de qué lado de la calle creció, y de cuánto café lleva encima.

De todas formas, creo que el planteamiento de uno de los participantes es el determinante: Si te empiezan a tirar tiros desde la izquierda (cosa muy común en los barrios montevideanos en la presente (indi)gestión gubernamental que llegó al poder, entre otras cosas, precisamente por el voto de esa gente que dispara desde la siniestra con total impunidad) “atrás de la volqueta” sería el lugar donde las balas no te alcanzarán. Así que supongo que para desenredar todo el embrollo habría que agregar al escenario a unos terroristas que, como en las películas, vengan persiguiendo a nuestro auto, con uno asomado por una ventanilla metralleta en mano, meta tiro y repimporoteo, y enseguida se termina las filosofías, las dudas, y se clarifica desde el primer “BANG” cuál es el lado de “atrás”.
Pero eso, claro, sería demasiado fácil.

O tal vez, solo tal vez, la próxima vez habría que decir simplemente «estaciona en ese espacio que ves allá» y nos ahorramos todos el lío.
Pero a nosotros, que somos humanos, nos encantan las discusiones…cosa que me lleva a preguntarme ¿por qué la volqueta tiene que ser “azul” y no amarilla, como Dios manda?

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