Dulce de membrillo, tan peligroso como la sal en los calefones

Sal en calefones y el dulce de membrillo

escribe Alfredo Bruno

Dentro de las variadas formas de asustar gente que a diario encuentran los hinchas del desastre para realizar su campaña política ha surgido un nuevo hoax, relacionado a un presunto peligro que encerrarían los calefones en virtud del aumento de salinidad del agua. Más allá de lo risible y despreciable que resulta, en aras de la paz y tranquilidad públicas veamos cuan descabellada es esta bufonada.

Llegan los zombies…

La versión, como todo invento de este tipo, primero circuló en forma de «cartelitos» por redes sociales que advertía del peligro de los calefones y el agua salada. Luego apareció un audio del hijo de un amigo del sobrino del vecino de un electricista, que decía que era peligroso usar el calefón por la sal. Hasta ahí, más o menos como todos los disparates que a diario circulan en esos ámbitos. Lo preocupante surge desde que el informativo central de un medio de comunicación masivo, presuntamente cultor del «periodismo serio» dio rostro y voz a ese despropósito, con lo que la mesa quedó servida para el establecimiento de la alarma pública, el miedo y la angustia.

En la nota, difundida por Subrayado de Canal 10, el entrevistado en una exposición vacilante intenta explicar el peligro, en base a dos hechos físicamente reales, que la sal aumenta la conductividad eléctrica del agua y el grado de corrosión de ésta sobre los metales, pero que en nada influyen ni participan en las actuales circunstancias en el hecho que se comenta.

Primero, lo que es…

Como decía Jack, vayamos por partes… Lo primero es ver como funciona un termofón o termotanque, que ese es el nombre real de los elementos que usamos mayoritariamente en Uruguay, ya que «calefón» técnicamente es otra cosa.

En efecto, hay varias diferencias entre ambos aparatos. Mientras un calefón es un dispositivo que se utiliza para calentar el agua de manera instantánea, el termotanque es un aparato usado para almacenar el agua caliente de manera continua. En otras palabras, el calefón calienta el agua en el momento en que se utiliza, en su inmensa mayoría usando gas como combustible, mientras que el termotanque almacena el agua caliente para su uso futuro.

Para ello el termotanque cuenta con una entrada de agua fría y, naturalmente, una salida de agua caliente, un recubrimiento aislante para mantener razonablemente el calor y una sonda de temperatura, que le permite prender o apagar el sistema de calentamiento de acuerdo a las necesidades que se le han marcado con el termostato exterior.

 

Ese proceso de calentamiento se realiza mayoritariamente a través de una resistencia que se halla dentro de una vaina metálica recubierta de cobre, pudiendo en alguno casos tratarse de una pieza de cerámica. Vale decir, la electricidad no tiene nunca contacto directo con el agua, en tanto se halla aislada de esta por el recubrimiento de la vaina. En el hipotético caso de que por alguna razón se produjera una pérdida, por una falla en la aislación, el circuito eléctrico se interrumpiría de inmediato, al producirse una fuga y descarga a tierra que haría entrar en acción a la llave diferencial de la instalación.

Ahora bien, recordemos dos elementos que veremos más adelante y son en extremo importantes a la hora de medir el eventual riesgo por sal en calefones, a saber el recubrimiento de cobre de la resistencia y el ánodo de magnesio que podemos ver en la parte superior del termotanque.

Ataque por sal en calefones

Según sostienen los del bulo, el aumento en la salinidad del agua hace que la electricidad «ataque» al metal y lo descomponga, separando sus elementos. O sea, hablan de que se produciría un evento de electrólisis metálica.

En efecto, así se denomina el proceso por el cual se separan las partes de un elemento con la utilización de corriente eléctrica a través de la liberación de  electrones por los aniones en el ánodo, y la captación de electrones por los cationes en el cátodo, produciéndose una reducción.

electrólisis. Desmitificando el problema del agua salda en los calefones

Se trata de un método apasionante, de múltiples utilidades, sobre el cual podrán profundizar en páginas especializadas, pero que podemos sintetizar bárbaramente en dos puntos, 1) se realiza con Corriente Continua, (DC), en tanto los electrones se transfieren de donde se pierden adonde se ganan. y en las celdas electrolíticas, es el ánodo es positivo y el cátodo negativo y 2) se requiere de una solución, (electrolito) altamente concentrada como vehículo del proceso.

Primera conclusión, en presencia de Corriente Alterna, como la que distribuye UTE y alimenta todos los domicilios del pías y sus «calefones», es imposible la electrólisis.

La sal y la conductividad

Se sostiene que la sal aumenta el grado de conductividad eléctrico, y es real, el agua destilada no es conductiva.

Lo que no se dice es que el agua potable ya tiene de por sí elementos que aumentan esa conductividad, pero en un grado muy bajo. Por eso en los procesos de electrólisis se usan varios elementos para aumentar esa conductividad y lograr así un medio, un electrolito, más conveniente. Esos elementos son la sal y el vinagre.

Así lo he aprendido en mis experimentos domésticos, donde entre otra cantidad de cosas inútiles suelo dedicarme a grabar metales con esa técnica. Aquí algunos ejemplos de los resultados…

Sal en calefones, electrólisis

Para ello me valgo de una cubeta plástica de aproximadamente 5 litros, en la que nunca uso menos de 250 gramos de sal, ya que para lograr un buen electrolito que posibilite la reacción debe obtenerse la sobresaturación.

Quien crea que estamos exagerando puede apreciar la cantidad de sal que se utiliza en este video, para un envase mucho más pequeño:

Llegamos así a la segunda conclusión: Para lograr un electrolito que posibilite un eventual ataque por electrólisis a las partes internas del termotanque sería necesario un aporte de aproximadamente 50 gramos por litro, unos tres kilos y medio en un tanque de 70 litros.

Ahora…¿ y si igual pasara?

Naturalmente, hay quienes no se rinden ante cuestiones aburridas como la física o la química, y plantean que igual, por magia tal vez, algo de esto podría pasar y la sal iniciaría su diabólico plan de dominar al mundo, empezando por los «calefones».

Demos entonces como real por un segundo esos riesgos y supongamos que la electrólisis puede iniciarse, sin que los varios sistemas de seguridad eléctricos se percaten del hecho.

Debemos recordar ahora dos elementos que vimos antes, la cobertura de cobre de la vaina de la resistencia y el ánodo de magnesio en la parte superior del tanque.

Dicha cobertura equivale a la protección que por siglos han llevado los barcos bajo la línea de flotación, con el objetivo de proteger a la madera de estos primero, al metal después, del efecto de, entre otras cosas, la salinidad marina.

El ánodo de magnesio, en tanto, cumple la función de proteger a las restantes estructuras metálicas del termotanque, al estar hecho de un material más fácilmente corrosivo que ellos y ser por tanto el receptor primario de la corrosión, de ahí su nombre de «ánodo de sacrificio».

Naturalmente, los mismos no son eternos, su vida útil se calcula entre dos a tres años, por lo que pasado este tiempo la corrosión comienza a atacar al metal menos protegido y más expuesto dentro del termotanque, su propia cuba, haya o no sal en los calefones.

En resumen, en las actuales circunstancias es más probable que le caiga un rayo mientras se está bañando que tener un problema con el calefón a raíz de la sal en los calefones.

Finalmente, y no por ello menos importante, tal vez sea preferible brindarle la confianza, antes que a un profeta del desastre. a aquellos profesionales que están abocados , preparados y entrenados para proteger nuestras vidas, que han sido categóricos al referirse al punto:

Así las cosas, por lo visto y expuesto, difundir cualquier otra especie sobre este punto solo sirve para generar eventual pánico y alarma infundada en la población,  objetivo que debe estar en las antípodas del periodismo.

Naturalmente, sabemos que en la carrera por los clicks se apuesta mucho, pero no todo en la vida vale 30 dineros.

¿Eh, y lo del dulce de membrillo?

Claro, el lector que haya llegado hasta acá se preguntará a que venía lo del dulce de membrillo del título, y que tiene que ver éste con la sal y los calefones.

No, no era un recurso de clickbait (o al menos no exclusivamente). La relación está dada porque el dulce de membrillo protagoniza una de las más tradicionales disputas entre presos y carceleros, en tanto se considera por parte de los habitantes de las rejas que es el mejor elemento para lograr la corrosión del metal de las rejas.

En efecto, la alta presencia de sales ácidas en el dulce de membrillo acelera el proceso de corrosión de los metales mucho más que la sal.

No se me ocurre de que manera se podrá culpar al Gobierno de esto, pero seguramente alguien encontrará la forma y será objeto de atención de algún informativo de nuestra televisión nacional.