Casavalle: Las 90 sucursales de Manzanares y los Globoludos

Escribe Alfredo Bruno

Los supervivientes del siglo pasado recordamos a la cadena de almacenes Manzanares y su clásico slogan “en sus 90 sucursales”. Sucede que desde siempre se tuvo claro que el secreto del éxito es acercarse al público y darle las mayores facilidades para el acceso a los servicios.

El Estado en cambio demoró mucho en aplicar esas máximas y por décadas se apostó a la concentración, a dificultar, a poner trabas hasta para pagar a los usuarios rehenes de sus servicios monopólicos. Esa situación se ha mantenido en ciertas áreas, donde tal vez en absoluta y descarnada aplicación de reglas de mercado la presencia del Estado era menos que simbólica, básicamente represiva y actuando siempre por reacción.

 

El Estado, un gran ausente

Un arquetipo de esa situación era la zona denominada a grandes rasgos “Casavalle”, etiqueta que engloba a varios sub barrios cercanos, con problemáticas y carencias similares.

Así, por ejemplo, recién en 2023 llegó la fibra óptica a esa zona, doce años después de su arribo a Montevideo, el 19 de octubre de 2011 cuando la entonces presidenta de ANTEL, Carolina Cosse, informaba de la primera instalación, en un domicilio de Malvín.

Sin embardo, en 2021 la propia Cosse, ya como Intendente de Montevideo, solicitaba al Directorio de ANTEL la instalación de esos servicios en más de 50 barrios de Montevideo “los de mayores carencias de servicios” (sic), entre ellos claro está Casavalle.

 

No nos extenderemos sobre otras carencias de servicios estatales.

Por todos es conocido, o debería serlo, el verdadero crimen, el delito de lesa humanidad que es el haber permitido que se erijan en nuestra ciudad modernos guettos sin murallas, donde se compartimenta la consciencia y se manejan realidades tan distintas que a uno y otro lado de esas barreras imaginarias el semejante nos resulta tan extraño como un ritual de tribus lejanas.

Es claro que en una ciudad pequeña y de poca población a nivel internacional, como lo es Montevideo, no existe razón alguna que pueda sostener esa balcanización, cual no lo sea la ineficiencia endémica de los mecanismos estatales, que durante décadas se han ocupado solamente de su propia salud interna presupuestal, convirtiendo el cumplimiento de sus funciones en algo testimonial.

Cabecera de playa

Por todo ello resulta sumamente extraño que pueda haber alguna voz crítica con respecto a la inauguración del Centro de Referencia en Políticas Sociales “Aparicio Saravia”, realizada en el día de ayer que constituye en los hechos fijar una cabecera de playa en esa zona donde solo suele llegar en su representación la Policía, siempre después de algún delito significativo.

En esta oportunidad en cambio el Estado abandona su pasividad y asume el desafío de ir adonde se lo necesita, con un “espacio de atención ciudadana interinstitucional, orientado a fomentar la inclusión social, restitución de derechos y la participación ciudadana”, según la argumentación del decreto habilitante, de julio de 2023.

El espacio abarcará la atención de alrededor de 100.000 usuarios que viven en la zona de influencia y allí funcionarán 13 organismos públicos, entre ellos el BPS, UTE, OSE y Antel, junto a la Agencia nacional de Vivienda lo que permitirá a los vecinos de esos barrios realizar trámites, junto a un cajero del Banco República.

A su vez, el lugar contará con una oficina territorial del Mides, un dispositivo de salud mental del INJU y un comedor del INDA, en tanto la Secretaría de Deporte brindará talleres de boxeo; Asimismo, el Instituto Nacional de Empleo y Formación Profesional (Inefop) operará en el lugar, habrá un anexo de la UTU de Domingo Arena y el MSP instalará un vacunatorio y una policlínica de ASSE, que contará con un médico general, un auxiliar de enfermería, un auxiliar de registros médicos, un auxiliar de servicio y conserjería y abrirá sus puertas entre las 8 y las 16 horas.

Por último, el Ministerio del Interior tendrá un destacamento policial y una oficina móvil de la Dirección Nacional de Identificación Civil.

Así, se producirá por primera vez en décadas un “desembarco del Estado” en una zona en buena medida abandonada por éste, utilizando para ello recursos ya existentes, con capacidad ociosa.

En efecto, el terreno donde se ubica el Centro es propiedad del Ministerio de Defensa, donde se asentaba el Batallón de Ingenieros 5° del Ejército, cedido en comodato al MIDES y toda la logística desplegada no ha generado nuevas erogaciones de consideración, al redistribuirse recursos que, evidentemente, no estaban siendo bien aprovechados en sus puntos originales.

En síntesis, se trata del acercar el Estado a sus verdaderos dueños, de la misma forma en que antaño Manzanares acercaba sus sucursales al público.

Criticar esto, o peor aún hacerle el vacío y no participar de su inauguración pese a ser invitado, es un comportamiento mezquino, solo explicable por no entender la representatividad que se detenta o por culpas no asumidas en torno a deficiencias en gestiones pasadas o presentes.

Los Globoludos

A veces señalar algunos errores causa más vergüenza que el cometerlos, cuando esas fallas son tan obvias que lindan con el autosabotaje.

Lamentablemente eso sucedió con la inauguración de este Centro, donde el eje de la noticia no estuvo marcado por la importancia social del mismo, los beneficios que brindará a un muy importante sector de la sociedad o el seguramente muy intrincado camino institucional que debió recorrerse para poder concretar esta iniciativa.

El eje de la noticia fueron unos globos blancos y azules, dispuestos por todo el espacio a guisa de cotillón, en lo que no puede interpretarse de otra forma que una nada sutil referencia partidaria, más allá del esfuerzo de algunos de presentarlos como “los colores de la patria”.

 

No hace falta recalcar la importancia de las señales en relación a los hechos, el control sobre lo que se muestra, muchas veces más trascedente en la forma que en el contenido.

El Génesis nos cuenta que lo primero que hizo el Creador apenas separó los cielos de la tierra fue la luz. ¿Acaso porque la necesitara, en su omnisciencia? No, simplemente para que se viera todo lo que iba a hacer después.

Así, incluir una obvia y simplona referencia a los colores del Partido Nacional en la decoración de un acto oficial no solo implica tener algún problemita de definición entre lo que es Estado y lo que es partidario. Tampoco constituye solamente una falta de respeto a todos los integrantes de la Coalición Multicolor que hicieron posible este Gobierno y a los cuales se les, (nos),  pedirá seguramente el apoyo en unos meses.

Constituye sobre todas las cosas abrir una brecha en el blindaje, hacia la cual apuntarán sus miras todos aquellos que deseen atacar el proyecto, esos que eligieron estar con “la ñata contra el vidrio, en un azul de frío…”

Como señaló muy bien una  amiga en Twitter refiriéndose al tema, “no podés ser tan Bambi de darles material en bandeja.”

Esperemos que no se repita. Como sugerencia, la próxima vez que deseen engalanar algo con los colores de la Patria háganle una visita a Evaristo

¿Nos juntamos, sin Estado?

Por otra parte, quienes desde la otra vereda se rasgan las vestiduras por la intervención del Estado en áreas sociales demuestran no tener idea de los enormes daños que la exclusión ha creado en el entramado de la sociedad.

No obstante, aún quedan zonas del Uruguay donde podrán ser felices sin ver la presencia del Estado.

Los accesos a Montevideo al caer la noche, por ejemplo.

Podríamos reunirnos por las inmediaciones del Trócolli, mañana  alrededor de las 21 horas, a conversar sobre estos temas, si gustan.

Eso si! Si 20:55 yo no llego arranquen nomás sin mí…