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UNA RELACIÓN PARA TODA LA VIDA (Historias de inclusión financiera)

31 julio, 2022
Una relación para toda la vida

Hola, soy Laura.  ¿Cómo están?  Lo primero que voy a hacer es contarles por qué estoy escribiendo esto, así se entiende a lo que voy.  Hace un par de años me había agarrado un metejón con un amigo de una amiga.  Me dio vuelta la cabeza y, capaz que porque ya me estaba acercando a los treinta y me sentía como que… – bueno, ustedes ya saben – la vida pasa y todo eso, la soledad, el bancar cualquier rayado que anda por ahí, y muchas otras razones que comprenderán, nos enganchamos.  Dos meses después, ya estábamos pensando en irnos a vivir juntos.  Yo tenía que vender la casa familiar ya que tenia que darle su parte a mi hermano, entonces, estaba entrando de lleno en un momento de decisiones.

Parecía como que se cumplía una profecía.  Y en realidad, la hubo.  Una vez, cuando había ya decidido dejar la facultad y me encontraba en plena crisis existencial, decidí ir a una adivina que tiraba las cartas y que me habían recomendado en el estudio contable donde trabajaba.  Por vivir en la casa de mis padres, junto a mi madre, tuve que mantenerme como sostén de la casa cuando ella se enfermó.  No veía muy claro toda mi vida futura y decidí arriesgarme a que me guiaran en cuanto a lo que podía esperar de mi vida.  “Antes de cumplir los treinta años vas a iniciar una relación para toda la vida” me dijo.  Y una vez que mi mamá falleció, esas palabras quedaron siempre en mi cabeza.

Como todas las cosas que parecen que van bien porque el destino lo quiere, y todo se va encadenando, con mi novio encontramos un apartamento pequeño cerca de su trabajo que se vendía medio de apuro y gracias a la plata que me iba a quedar de la venta de la casa familiar, y a otra amiga que trabaja en un banco que me dio la idea, saqué un préstamo que era casi como un alquiler.  Mi novio trabajaba en negro, y, además, todavía estaba casado de una relación anterior, por lo tanto, tuve que apechugar y firmar y todas esas cosas que hay que hacer.  En realidad, no me preocupó mucho porque estaba usando la plata que me había dejado mi madre, por lo que era razonable que, al menos por un tiempo, quedara todo a mi nombre, aunque los gastos de las cuotas, que son como un alquiler, y lo íbamos a hacer a medias.

Al final, nos fuimos a vivir al apartamento.  En mi caso, la mudanza la hice directo desde la casa de mis padres que dejé el último día que me permitía el contrato de venta.  Y mi novio, trajo su ropa directamente desde el apartamento de la ex.   Quiero expresar que desde ese momento me sentí renacer como persona.  Las frases guarangas del tipo “encontré el amor”, “media naranja”, y otras choluleces que ustedes conocerán, empezaron a ser pronunciadas por mí en las reuniones con mis amigas.  Me encantaba que me felicitaran con esa mezcla de alegría, envidia y hasta un poquito de bronca que a veces sentimos cuando a alguien le va como nos gustaría que nos fuera a nosotros.  Pero era lo mismo que yo también sentía cuando le tocaba a otra.  En fin, esta vez me había tocado a mí.  Me hizo bien, además, porque me ayudó a superar lo que pasamos con la enfermedad de mamá.  La verdad, todo comenzó a ser maravilloso hasta que mi novio, mi compañero de toda la vida, me dijo que mi amiga, que trabajaba en el banco, esperaba un hijo suyo.  Suyo de él.

Habían pasado siete meses, dos semanas y 4 días desde que nos habíamos ido a vivir juntos. No les voy a contar demasiados detalles.  En realidad, él quería seguir la relación conmigo.  Que yo era la mujer de su vida y que lo de mi amiga fue algo ocasional que ella se encargó de dejarlo permanente.  En realidad, me parecía que no tenía lugar donde irse a vivir.  Les ahorro todos los cuentos de lo que pasó, y me los ahorro a mí misma para no recordarlos.  Yo le di el ultimátum y, con un poco de sorpresa me entero que a la semana ya se fue al apartamento de mi amiga, que ya no era mi amiga.

Y volví a quedarme sola.  Así es la vida.  Ahora, este es el momento en que algunos de ustedes, los lectores, se preguntarán por qué esta historia se llama “una relación para toda la vida”.   Bien, se los voy a contar.  Unos días después recibo una llamada del banco donde había sacado el crédito para la casa, ofreciéndome una caja de ahorros.  Me acordé que en mi trabajo me habían pedido que abriera una cuenta para que me acreditaran el sueldo cada mes y accedí.  Así que fui otra vez al banco a firmar todos los papeles.

  • Firmá aquí, por favor – me dijo el empleado del banco – ¿Querés tener también una tarjeta para retiros?

No me entusiasmaba mucho la idea, ya que soy de las que prefiere la plata en la cartera. Pero, en ese momento el empleado me dijo algo que, si bien yo lo sabía, algo en su tono me sorprendió

  • Vos tenés una hipoteca con nosotros y recién pagaste seis cuotas. ¡Te queda una vida entera con nosotros!

Su sonrisa y amabilidad no impidió que me inquietara.  Me quedaban doscientas noventa y cuatro cuotas por delante para cancelar mi hipoteca.  Dos cientos noventa y cuatro meses.  Y allí se me presentó la frase de mi adivina: “Antes de cumplir los treinta años vas a iniciar una relación para toda la vida”.  Así que, en cierto sentido, la predicción terminó cumpliéndose, aunque no como me había imaginado.  ¿Y cómo uno se divorcia una de un banco?  Me imaginé doscientos noventa y cuatro meses más vieja viniendo a pagar mi última cuota.  Casi una sexagenaria.

Y lo peor de todo, fue que mientras esperaba que me dieran la tarjeta

Una relación para toda la vida
Una relación para toda la vida

de débito, vi pasar, de lejos, a mi amiga.  Ya se le notaba la pancita.