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La guerra va bien… Sebastopol y la marina fantasma.

15 septiembre, 2023

Escribe Giuliano Giupponi.

 

Sebastopol es desde su fundación en 1784 por parte del Mariscal Potemkin, una de las joyas de la corona del Kremlin. Desde su origen fue presentada como ciudad segura y puntal esencial para el dominio del Mar Negro por parte de Rusia. Así se presenta por parte del gobierno ruso, pero ese poderío largamente declamado, parece estar cada vez más en declive.

Mapa de Sebastopol en 1853 durante la guerra de Crimea.

El Mariscal Potemkin, fue quien conquistó Crimea, siendo gobernador General de Ucrania venciendo a los tátaros de Crimea y ucranianos independentistas en 1783. Inmediatamente fundó Sebastopol e inició la construcción de una flota naval que rivalizara con los turco-otomanos por el dominio del mar. Ese punto fuerte ha sido ocupado por griegos, romanos, godos, abjasios, escitas, rusos, hunos, bizantinos, turco-otomanos, alemanes y un etcétera interminable por siglos, pero su origen es tártaro y ucraniano.
Potemkin, entendiendo que ese lugar es el dominante de una región riquísima en recursos de toda especie y cruce de las rutas terrestres, estableció su señorío en nombre de la Zarina Catalina II «La Grande» con una base naval y militar que lleva ya 239 años de ocupación imperial.

Sebastopol hoy.

La península, ocupada militarmente desde Febrero del 2014, vive un presente de guerra. Con sus reservas de agua comprometidas por la voladura rusa de la presa de Nova Kakhovka en Junio, parcialmente aislada por tierra debido a los ataques a sus rutas terrestres, solo tiene conectividad segura en rutas aéreas.

Sebastopol es el hogar de la otrora todopoderosa Flota del Mar Negro la que, sin dudas, fue el orgullo de la marina de guerra rusa y soviética durante más de 70 años. Hoy la realidad marca un presente ambiguo y en extremo limitado a patrullas costeras eventuales y salidas fugaces nocturnas para el despliegue y disparo de misiles de crucero.
La ciudad tiene también una gran infraestructura para reparación de buques de superficie y submarinos que supera largamente las exigencias de la Flota del Mar Negro. Esa infraestructura y sus tareas son un objetivo largamente codiciado por el mando de guerra ucraniano que ha intentado atacarlo casi desde el inicio de la actual invasión. La infraestructura ha sido atacada, la flota ha sido atacada y la amenaza sobre los buques de guerra rusos es constante de parte de un país sin marina de guerra como Ucrania.

Amenaza ucraniana.

Ucrania ha intentado desde Febrero 2022 la inmovilización de la flota rusa. Careciendo por completo de unidades de superficie y sin ser una amenaza real para la flota rusa en un combate naval, ha debido tomar caminos alternativos para seguir operando.

El primer golpe fue una operación conjunta de la fuerza aérea y la marina para hundir el Moskva en Abril 2022. A partir de allí la visión operativa rusa cambió. Tal como en 1941 la orden del Almirantazgo británico fue «Hundan al Bismarck», en 2022 la orden del Almirante Oleksiy Neizhpapa fue «Hundan al Moskva», operación llevada a cabo con eficiencia y sigilo.

Ucrania concentró sus esfuerzos entonces en los vehículos no tripulados y en los misiles navales para continuar en la pelea. Esa pelea la dió hasta hoy, y la seguirá dando con un solo brazo debido a los limitantes impuestos por sus aliados de no atacar con determinado armamento las instalaciones militares rusas, en territorio ruso. Crimea, al no ser territorio ruso reconocido, tiene limitantes más difusas.

El puente de Kerch, las defensas antiaéreas, los buques de superficie y hasta los submarinos son objetivos que han sido atacados por diversos tipo de armas y resultados dispares. Las bajas de la Flota del Mar Negro reclamadas por Ucrania ascendía hasta una semana atrás a 18 buques de superficie entre cruceros, corbetas, fragatas, barcos de desembarco, transportes, patrulleras, etc. En general las pérdidas rusas en su material naval ascendían a más de 5.000 millones de dólares por todo concepto y sin contar instalaciones civiles de uso militar. Esa cifra cambió a partir del 13 de Setiembre con el ataque con misiles a la infraestructura militar y a la flota estacionada en Sebastopol.

Ataque con misiles del 13 de Setiembre.

Dique seco de Sebastopol con el Minsk y el Rostov del Don ardiendo

En la madrugada del 13 de Setiembre la base militar de Sebastopol se despertó con fuertes explosiones. Uno de los diques secos ubicados en el centro de la base naval voló por los aires luego de ser impactado por un misil. La clase de misil, que podría ser un Storm Shadow, un Scalp EG o un Taurus KEPD 350, es importante determinar cual es el tipo de arma empleada para una vez más destacar la ineficacia e ineficiencia de los sistemas de defensa antiaérea rusa para proteger sus instalaciones y su población.

El Minsk y el Rostov del Don antes del ataque.

En el lugar de la explosión se sabe que había dos buques en mantenimiento, uno, el Minsk, una nave de desembarco anfibio clase Ropucha-II con un costo de unos 230 millones de dólares. Al inicio de la invasión contaban con 16 clase Ropucha-II, de los cuales 7 estaban en el Mar Negro a la espera de ocuparse del desembarco sobre Odesa. Los nombres de los buques son, Minsk (BDK-43), Novocherkassk (BDK-46), Azov (BDK-54), Caesar Kunikov (BDK_64), Yamal (BDK-67), Olenegorsky Gornyak (BDK-91) y el Konstantin Olshansky (BDK-56) éste último capturado en 2014 durante la ocupación de Crimea. De los nombrados solo quedan operativos 2 que permanecen a resguardo en Sebastopol y operando ocasionalmente como transporte de mercancías hacia y desde Rostov del Don. El resto han sido gravemente dañados o hundidos por la marina fantasma ucraniana. Ese es el destino del Minsk, totalmente destruido en la madrugada del 13 de Setiembre.

El Minsk y el Rostov del Don después del ataque.

Junto al Minsk estaba el Rostov del Don, un submarino de ataque de clase Kilo Mejorado o Pojekt 636.3. La Clase Kilo Mejorado fue el esfuerzo ruso por volver a tener una fuerza submarina que signifique una disuasión frente a los desarrollos occidentales. Ágiles, silenciosos y de propulsión diesel-eléctrica tienen la capacidad de portar hasta 4 misiles Kalibr-PL y cada uno tiene un costo actual de unos 410 millones de dólares. La destrucción total del Rostov del Don supone una pérdida irreparable que deja constancia de la vulnerabilidad de la base rusa frente a tecnología superior.

Rusia solo dispone ahora de 5 de ésta variante del Kilo Mejorado, todos en servicio en el Mar Negro y la ampliación de su flota se vió frenada por las sanciones de occidente que le impiden acceder a ciertas tecnologías necesarias para su operación.

Con éstas pérdidas no solo se eleva la cuenta de pérdidas rusas contra la marina fantasma ucraniana, sino que se limita aún más la operatividad de una flota que ha sido inmovilizada por una nueva manera de hacer la guerra que Rusia no esperaba.

Guerra mosaico al noroeste de Crimea.

Rusia no puede ceder el control del Mar Negro a los drones ucranianos y deberá arriesgar sus buques de superficie para mantenerse a flote. Hoy la flota rusa no es la más numerosa individualmente y no es rival en tonelaje con las flotas OTAN, pero constituye una amenaza para Ucrania que continúa con sus exportaciones de granos sin la anuencia rusa desde Julio.

Para poder sentar a Ucrania a la mesa de negociaciones por granos necesita tener una amenaza constante naval sobre las rutas de navegación. Para ésto empleaba los buques de la flota y los radares instalados en las plataformas petroleras capturadas a Ucrania en 2015, las «Torres Boyko». Éstas operaban como helipuertos y puntos de abastecimiento para los helicópteros de ataque rusos. Su posición dominante, aunque fija, le daba flexibilidad a la presencia rusa en el noroeste del Mar Negro, y con el alcance de las naves podían cubrir toda el área de la costa ucraniana. Los radares del tipo NEVA-B con un alance de 60kms de radio tienen la capacidad de seguimiento y discriminación de hasta 200 objetivos simultáneamente. Desde esa instalación la flota rusa monitoreaba completamente el tráfico civil y militar de la costa ucraniana y rumana, pudiendo incluso monitorear los movimientos tierra adentro por medio de drones.

Pero también las torres «Boyko» constituían parte esencial para el sistema integrado de vigilancia ruso que fue desplegado en 2015 y potenciado desde el 2022. Ese sistema de vigilancia impedía la operación aérea o marítima ucraniana.
Al perder las plataformas en una operación rápida de las fuerzas GUR de inteligencia ucraniana, Rusia quedó ciega a todo tránsito hostil en las costas ocupadas de Kherson. Desde hace unos 2 meses las fuerzas ucranianas apostadas en Kherson y Odesa han centrado sus esfuerzos en localizar y destruir todo elemento de detección ruso y de guerra electrónica con una eficiencia no prevista por el Kremlin.

Batería S-400 Triumf destruida en Eupatoria.

Así se logró formar un punto oscuro en las pantallas rusas que permitieron operaciones especiales en Crimea provenientes de Khersón y Odesa que culminaron con la destrucción de un sistema S-300 de misiles antiaéreos la semana pasada y otro Triumph S-400 el 14 de Setiembre. Los ya conocidos drones turcos Bayraktar TB-2 vuelvan a volar en un entorno de seguridad y apoyan las actividades.

Rusia comenzó a emplear sus cazas Su-30 con sus modernos radares AESA para mantener de alguna manera la vigilancia sobre la zona, hoy vemos que no fue suficiente. Y no lo fue porque Sebastopol fue atacado por misiles lanzados desde aviones Su-24 que, de haber estado presente la fuerza aérea y las defensas navales rusas, jamás podrían haber llegado hasta ese punto. Sumado a ésto también los drones navales jugaron un rol atacando una corbeta misilística clase Bora, la MRK-17 Samum produciendo daños al buque que demandarán meses para ser reparados.

Imagen térmica de la corbeta clase Bora, Sumum antes del impacto por un dron naval.

Esa degradación permanente de la fuerza naval rusa genera problemas a toda la flota, que seguramente esté pensando en mudar su cuartel general al puerto de Novorossysk

El futuro del combate en el Mar Negro.

Las operaciones ucranianas avanzan al ritmo que la guerra permite y no al ritmo que la prensa exige en el prime time. Pero continúan avanzando desmantelando la capacidad operativa rusa y planteando nuevos tipos de amenazas para las fuerzas convencionales de superficie que requieren de un coraje operativo que no parece que el mando naval ruso quiera mostrar. Esto se debe a que Rusia sospecha o conoce las capacidades desarrolladas por Ucrania respecto a sus operaciones navales y sabe que hay pérdidas que no se pueden ocultar ni justificar con el mal empleo de un poderoso cigarrillo, como fue la causa oficial del hundimiento del Moskva.

En el futuro cercano Rusia deberá tomar una decisión. O resigna su poder sobre el Mar Negro ucraniano y deja su fuerza naval en puerto o sale a ocupar el lugar que reclama desplegando sus buques de superficie. En cualquier caso veremos que el poder ruso decae y que por primera vez una marina fantasma logra vencer a una fuerza naval real que se proclamaba como la mayor del Mar Negro. No falta mucho para que lo veamos.