Estos días, las redes sociales, y fundamentalmente X, ese coliseo de la intolerancia oficialista, se han inundado de postales montevideanas con un mensaje tan corto como devastador: “El gobierno te mintió”.
La frase, que no es más que una constatación empírica de la realidad, ha provocado un brote psicótico colectivo en el oficialismo. No faltaron los iluminados del Frente Amplio que, ante la falta de argumentos para rebatir la veracidad de los carteles, optaron por el viejo y confiable libreto del victimismo profesional.
Ahora resulta que colgar un cartel es un “ataque a la democracia” o un intento de “desestabilización”. Es tierno ver a quienes confunden una crítica ciudadana con un golpe de Estado; se nota que la altura del poder les está afectando el suministro de oxígeno al sentido común. En su desesperación por desacreditar la opinión ajena, solo les falta agregarle el adjetivo de “terrorista” a lo que denominan organización detrás de la movida.
Si de desestabilización real vamos a hablar, refresquemos la memoria, aunque les duela: ¿Qué fue aquel llamado a cacerolear a pocos días de iniciado el gobierno de Lacalle Pou, en plena incertidumbre de una pandemia mundial? Ah, claro, aquello era el “pueblo democrático expresándose”. Lo de hoy, sin embargo, es un complot internacional. La doble moral ya no es una herramienta política, para ellos, es su estado natural de agregación.
No olvidemos el episodio bizarro de cierta «periodista», hoy reciclada en flamante funcionaria y fiel caniche del gobierno, que se encerró entre los muros de un complejo de viviendas para que el eco de dos o tres cacerolas solitarias sonara como una revolución. Ese es el nivel de honestidad intelectual que manejan: amplificar lo que les sirve y amordazar lo que les estorba.
Lo más irónico de esta opereta es que la campaña tenía una audiencia moderada en X, hasta que los propios dirigentes oficialistas (esos que te bloquean apenas les señalas una contradicción) decidieron darle manija. Al intentar censurar o estigmatizar los carteles, lograron que el mensaje llegara hasta el último rincón del país, en un claro ejemplo del Efecto Streissand.
¿Qué es el Efecto Streisand? Es el fenómeno en el que un intento de censura o encubrimiento de una información fracasa estrepitosamente, provocando que dicha información acabe recibiendo una atención mucho mayor de la que habría tenido originalmente. Se llama así por Barbra Streisand, quien en 2003 intentó legalmente que se borrara una foto aérea de su mansión, logrando que millones de personas la vieran solo por curiosidad.
En un caso de libro, al gobierno el tiro le salió por la culata. En lugar de apagar el fuego, le tiraron un camión de nafta premium. Su incapacidad para debatir el contenido de la afirmación, porque, seamos sinceros, no tienen cómo demostrar que no mintieron, los obligó a atacar el formato.
Esta desconexión absoluta con el sentir de la calle les ha pasado factura. No es casualidad que cierren su primer año con la baja de aprobación más estrepitosa de los últimos 40 años. Están en el subsuelo de la historia, gobernando para un espejo que les devuelve una imagen distorsionada de éxito, mientras afuera el cartel les recuerda, en cada esquina, la única verdad que no pueden bloquear: la mentira tiene patas cortas, pero un alcance infinito cuando se intenta ocultar.
